March 01, 2014

On possessing a mind






Estamos genéticamente pre-programados para que ciertas cosas ocurran en determinados momentos de nuestra vida. Una de ellas, por ejemplo, son los cambios físicos que experimentamos en la pubertad. Otra, según Chomsky, es la facultad del lenguaje.

L
a idea que plantea Chomsky consiste en entender el lenguaje como un órgano más, "un hecho biológico dado" que ocurre en algún momento determinado de la vida, tal como nos ocurre la muerte o cualquier otro. Según él, es demasiado "pobre" el estimulo o la información que recibimos durante cierta etapa de nuestra infancia como para que ese estímulo pueda dar cuenta del conocimiento o la competencia de la gramática del lenguaje natural que adquirimos al cabo de dicha etapa.  Dicho de otra manera, el lenguaje surge en un período demasiado breve de nuestra vida como para darle todo el crédito a un posible proceso de enseñanza por parte de quienes nos crían. 

Uno podría hacer notar el caso de personas que nacen y se desarrollan prácticamente aisladas de toda comunidad humana (ej. niños/as salvajes, etc.), y que, por lo tanto, no logran aprender ninguna de las lenguas naturales conocidas (como, por ejemplo, el Español o el Inglés). Sin embargo, de casos como esos no se sigue que la facultad del lenguaje sea algo aprendible. Más bien, con respecto a esos casos, se podría suponer que dicha facultad no se manifiesta en la conducta de tales personas. Esto último es consistente con la hipótesis de que la verdadera naturaleza del lenguaje es, o bien abstracta, o bien algún tipo de proceso mental interno que sólo se expresa externamente a través de alguna lengua natural, sin que éstas tengan que considerarse, necesariamente, como algún aspecto constitutivo de ese código interno.


Chomsky piensa que el lenguaje es sólo un aspecto de nuestra mentalidad, y que junto a otros como, por ejemplo, la música, podrían ser un signo del carácter multi-sistémico de la mente. En ese sentido, se puede pensar que la distinción entre criaturas con y sin mente (o bien, con o sin mentalidad) no corresponde a algo que se pueda mapear exactamente con respecto a la distinción entre criaturas con y sin lenguaje. Si esto fuera cierto, sería metafísicamente posible que algún ser tenga la propiedad de poseer una mente incluso careciendo de lenguaje.

No obstante lo anterior, ciertas capacidades mentales (o, si se quiere, cognitivas), ampliamente generalizadas, son plausiblemente explicables cuando se asumen procesos de transformación típicamente sintácticos. Por ejemplo, no parece haber alguien que tenga la capacidad de pensar que “el pago de impuestos no es motivo para que las empresas de descuiden su responsabilidad social empresarial” y que, al mismo tiempo, carezca de la capacidad de pensar que “la responsabilidad social empresarial no es motivo para que las empresas descuiden el pago de impuestos”. En un ejemplo más simple, no parece haber alguien que, teniendo la habilidad de pensar que “Pedro ama a María”, carezca, al mismo tiempo, de la habilidad de pensar que “María ama a Pedro”. Lo mismo parece ocurrir cuando se consideran el caso de los deseos y creencias que, según una psicología popular, parecen determinar nuestra conducta. Así por ejemplo, sería poco convincente sostener que existe alguien capaz de desear comer frutas en vez de chocolate, pero que, al mismo tiempo, sea incapaz de desear comer chocolates en vez de frutas. Conviene aclarar que lo dicho en este párrafo alude a una simetría con respecto a nuestras capacides mentales y no a nuestros estados mentales. Naturalmente, yo puedo creer que María ama a Pedro sin creer él la ama también. El punto es que al tener la capacidad de pensar/desear/creer/etc. lo uno, ya tengo la capidad de
pensar/desear/creer/etc. lo otro.

La ubicuidad de capacidades cognitivas como esta – ‘sistematicidad’, para los filósofos – es lo que ha permitido plantear la hipótesis de que el pensamiento tiene la forma de un lenguaje, y de que, entre otras cosas, el significado de las palabras de algún lenguaje natural se deriva del significado de los conceptos que tales palabras expresan. Eso requiere hacer una distinción entre ítmes léxicos que constituyen las oraciones de un lenguaje natural, y los conceptos que constituyen un posible lenguaje del pensamiento
– ‘mentalés’, para los filósofos. Con respecto a la naturaleza de estos últimos, Chomsky piensa que se trata de constructos internos independientes del mundo externo, cuyo significado está determinado por las relaciones que se establecen entre ellos y sus pares. En este sentido, la manera en que categorizamos los objetos del mundo depende de las estructuras internas que imponemos sobre la realdad, y no al revés. Quizás, esto se deba a que su mayor interés es dar cuenta de las reglas de una sintaxis basada en reglas generativas que pueda venir codificada en nuestro genoma. 

Otra posibilidad es que dicha sintaxis esté determinada por el carácter liguliforme general del pensamiento, cuyos elementos fundamentales corresponden a conceptos que pueden ser o bien estructurados (i.e. complejos) o bien no estructurados (i.e. atómicos). Si los conceptos fuesen átomos, entonces no es implausible pensar que tales átomos constituyen un vocabulario mental no aprendido capaz de componer estructuras complejas, a partir de lo cual se pueden hipotetizar una posible explicación de ciertas propiedades como la sistematicidad y la productividad del pensamiento. La composicionalidad del pensamiento hace referencia al hecho posible de que los pensamientos se puedan formar en función de sus conceptos constituyentes. Esto proporcionaría una explicación no sólo para la sistematicidad del pensamiento que se ilustró anteriormente, sino que también para la ‘productividad’ del pensamiento en tanto propiedad de formar un número ilimitado de pensamientos a partir de un conjunto finito de conceptos y reglas de combinación. 


Personalmente, creo que la visión Chomskiana de la sintaxis interna no es incompatible con una visión atomista de los conceptos, siempre que se considere plausible la posibilidad de que es la realidad la que determina el contenido (o la semanticidad) del vocabulario del pensamiento y no al revés. Esto último, debido al denominado problema del holismo del significado que resulta inherente a las concepciones que hacen depender las condiciones de identidad de los conceptos en las relaciones que éstos puedan establecer con sus pares. En una teoría holísta, el contenido de las creencias (y por lo tanto de los conceptos que las constituyen), dentro algún sistema de creencias dado, está determinado por las relaciones inferenciales que se establecen entre todas las creencias de dicho sistema. Luego, la especificación del contenido de un concepto (e.g. ítem léxico de mentalés) en tales términos resulta inevitablemente inestable.


Dejamos abierta, eso sí, la pregunta acerca de cuán exhaustivo es el carácter lingüiforme del pensamiento para dar cuenta del fenómeno de la mentalidad. Algunas preguntas relevantes son: ¿Existe la posibilidad de poseer una mente sin poseer un lenguaje del pensamiento? ¿Cuáles son las condiciones necesarias para que algo sea considerado un agente con vida mental genuina? Si la mente es multi-sistémica, ¿hay maneras adecuadas de estudiar aquellos aspectos para lo que una hipótesis del lenguaje del pensamiento no resultase relevante? ¿Cuál es el nivel ontológico y la unidad de análisis de cada uno de los “órganos” que constituirían una mente? ¿Qué forma tiene el pensamiento si no es la de un lenguaje? y, no menos interesante, ¿Para qué diablos es una mente?


More on these issues here:

http://plato.stanford.edu/entries/concepts/

http://www.iep.utm.edu/fodor/



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