April 22, 2017

On predictive brains/minds




La primera parte de la historia que nos cuenta este paper es acerca de un motor biológico capaz de aprender a través de un proceso predictivo no supervisado que tiene como propósito minimizar discrepancias entre aquello que predice el motor y el input sensorial causado por las estructuras del mundo externo. Asumiendo que las denominadas “estructuras distales” producen perturbaciones en el sistema sensorial que, de alguna manera, portan información confiablemente acerca de aquellas estructuras, el autor muestra simpatía con la idea de que un proceso de aprendizaje predictivo basado en el ajuste progresivo de patrones de “energía bruta” registrados por transductores sensoriales puede ayudar a explicar la manera en la que cerebros como los nuestros aprenden acerca del mundo.

La segunda parte de la historia objeta un argumento que va desde los motores predictivos hacia la tesis según la cual la mente tiene límites intracraneales. Según este argumento, el motor predictivo señalado sería evidencia a favor de una concepción individualista de la mente (en contraste a una externalista), ya que, según cierto planteamiento, los procesos predictivos se limitarían, por un lado, a operar sobre la estimulación que ocurre en las superficies sensoriales, y por otro, estarían orientados a la búsqueda de la mejor hipótesis que explique los datos sensoriales. La objeción del autor se basa en el planteamiento de que, aún cuando todo lo anterior sea el caso, es posible relativizar la importancia de los procesos intracraneales de testeo de hipótesis basados meramente en la información fragmentaria de las señales sensoriales. La razón de esto tiene que ver con la incorporación de “elementos explicativos” adicionales que contribuirían a entender de otra manera el rol de cerebros predictivos. Uno de estos elementos adicionales (que ha jugado un rol instrumental el desarrollo de la denominada ciencia cognitiva corporalizada) corresponde a la ‘acción epistémica’. Bajo este rótulo se agrupa un supuesto tipo de acción por la cual tenderíamos a modificar aspectos de nuestro entorno físico con el fin de facilitar el procesamiento cognitivo interno. En la historia que comentamos, el rol de nuestras acciones epistémicas se complementa con los procesos predictivos internos, de un modo tal que la concepción inferencial-individualista de la mente se reduce a una concepción predictiva-externalista.

Más específicamente, lo que la historia en comento propone es reconsiderar las nociones tradicionales de testeo de hipótesis basado en procesos inferenciales internos (por los que, supuestamente, se alteran las hipótesis acerca del mundo), favoreciendo la idea de un testeo de hipótesis basado en la minimización del error predictivo a la que contribuirían tanto los procesos internos como los externos (por los que, supuestamente, se altera el mundo para ajustarlo a nuestras predicciones). 

 El resto de la historia no es difícil de “predecir”. Asumiendo que la noción de acción epistémica juega el rol explicativo que plantea el autor—desbordándose con ello la unidad de análisis tradicional en la teorización acerca de la naturaleza y el funcionamiento de la mente—, la historia concluye con una defensa de la mente extendida y la tesis de que la mente está literalmente constituida por circuitos oportunistas que incorporan el cerebro el cuerpo y el mundo—desbordándose con ello los límites de lo que, en esta ocasión, cabe en este posteo.


Lectura relevante

Clark, A. (2016). Busting out: Predictive brains, embodied minds, and the puzzle of the evidentiary veil. Noûs, 1-27
Hohwy, J. (2014). The self-evidencing brain. Nous, 1-27
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